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La irrupción de nuevas tecnologías está cambiando de arriba a abajo múltiples sectores e industrias, incluyendo el amplio y complejo mundo de las finanzas, que, hasta ahora, estaba casi exclusivamente en manos de los bancos.

Las denominadas fintech, fruto de la combinación de finanzas y tecnología, se están haciendo un hueco cada vez mayor en el ámbito de los servicios financieros gracias a su mayor dinamismo, versatilidad y eficiencia en comparación con las anquilosadas y rígidas estructuras que mantiene la banca tradicional.

El éxito que están cosechando los robo advisors en la gestión de activos es un buen ejemplo de ello.

Los robots financieros han nacido para sustituir a los asesores bancarios, aprovechándose de los numerosos abusos y errores que ha cometido este monopolio a lo largo del tiempo.

Una de las lecciones más importantes que deberían extraerse de la crisis económica es que el banco no es tu amigo. Ni el director de la sucursal ni la plantilla a su cargo realizan labores de asesoramiento personal en materia de ahorro e inversión, por mucha confianza y años de relación que mantengan con sus clientes.

Las entidades financieras aprovechan su red de sucursales para comercializar productos bursátiles cuya idoneidad y rentabilidad, por desgracia, dejan mucho que desear.

Su papel es otro muy distinto, el de puro y simple comercial. Y la función básica de todo comercial es vender los productos que tiene en cartera con el único fin de alcanzar unos objetivos concretos de facturación a final de año.

Eso no significa que el producto en cuestión sea malo o fraudulento, ni mucho menos, pero sí que el interés real que persigue el director de la oficina no es la salvaguarda ni la máxima satisfacción de su cliente, sino el legítimo beneficio del banco.

El papel de la banca comercial ha sido, históricamente, el de captar dinero por un lado y prestarlo por otro, mientras que la banca personal y de inversión se ha dedicado al desarrollo de negocios corporativos y a la gestión de grandes patrimonios.

Sin embargo, las diferencias entre ambos segmentos se han ido difuminando con el paso del tiempo, de modo que, hoy por hoy, las entidades financieras también aprovechan su extensa red de sucursales para comercializar productos bursátiles entre sus clientes, cuya idoneidad y rentabilidad, por desgracia, dejan mucho que desear.

En España, a diferencia de lo que sucede en otros países más ricos y avanzados, existe una elevada incultura financiera.

La inmensa mayoría de la gente, por ejemplo, desconoce que sus depósitos, más allá de que actualmente no renten nada por culpa de la laxa política monetaria de los bancos centrales, son prestados a otros clientes, de modo que sus ahorros pueden correr peligro en caso de que el banco caiga en una situación de insolvencia.

Otros muchos optan por entrar en Bolsa mediante la compra directa de acciones sin tener los más mínimos conocimientos en materia bursátil, guiándose, simplemente, por la popularidad o la marca de una u otra compañía, lo cual suele terminar en números rojos. Y otros tantos acuden a su banco en busca de asesoramiento, sin reparar en el hecho de que los productos que les recomiendan no suelen ser los más adecuados.

En este sentido, los robo advisors presentan tres grandes ventajas a la hora de invertir en Bolsa en comparación con los productos que ofrece la banca tradicional:

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Menor coste

La primera tiene que ver con las comisiones de gestión. Cuando se contrata un fondo de inversión, el cliente no sólo ha de fijarse en el nivel de riesgo y en la rentabilidad obtenida en el pasado, sino en la comisión que aplica la gestora, puesto que ésta también influirá en el rendimiento final que se obtenga.

Los robots financieros cobran comisiones mucho más bajas que los bancos debido a la automatización de los procesos y el ahorro de costes en oficinas y personal. Fondos.com, por ejemplo, aplica comisiones hasta un 85% más bajas que las entidades financieras. No es una cifra baladí. Sobre un patrimonio inicial de 75.000 euros, una comisión anual del 2% inferior se acaba traduciendo en 48.000 euros extra para el cliente a lo largo de 25 años.

Independencia

La segunda gran ventaja radica en la ausencia de intereses corporativos a la hora de elegir uno u otro fondo.

Los bancos cobran más o menos comisiones en función de los fondos que venden a sus clientes, de modo que cuentan con grandes incentivos a la hora de colocar unos productos y no otros, con independencia de la calidad o idoneidad de los mismos.

Los robo advisors, por el contrario, se dedican a la gestión pasiva. Ni custodian el dinero de sus clientes ni disponen de fondos propios.

Lo que hacen es construir carteras a través de fondos indexados y ETFs que se dedican a replicar la evolución de índices bursátiles, fondos de inversión y demás activos, empleando para ello un algoritmo capaz de optimizar la inversión a un coste muy reducido en función del perfil de riesgo de cada cliente.

Es decir, la elección de uno u otro fondo no viene determinado por el cobro de comisiones, lo cual garantiza su independencia.

Mayor rentabilidad

Y, por último, pero no menos importante, ofrecen una mayor rentabilidad.

Además de proteger el capital de la inflación, el objetivo primordial de invertir en fondos consiste en lograr un buen rendimiento a largo plazo para incrementar el patrimonio y, de este modo, obtener unos crecientes ingresos pasivos. Es decir, hacer que el dinero trabaje para ti, y no al revés.

Las ventajas de la gestión pasiva frente a la activa en este ámbito también son notables.

Los fondos de inversión en España obtuvieron una rentabilidad media del 2,32% en los últimos 15 años, muy inferior al 5,24% que arrojó el Ibex 35, según un estudio del IESE.

Tan sólo 29 de los 632 fondos analizados tuvieron una rentabilidad superior al Ibex. Y lo mismo sucede en EEUU o Reino Unido, donde menos de un 5% de los fondos de renta variable logran una rentabilidad superior a sus benchmarks.

Las comisiones, los gastos y la rotación de la cartera acaban dañando la rentabilidad de los fondos, lo cual demuestra que muy pocos gestores, incluidos los bancos, se merecen las comisiones que cobran.

Los robo advisors, sin embargo, al replicar los índices y fondos más eficientes obtienen a la larga rentabilidades más altas en comparación con la banca.

No sabes invertir y lo sabes
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Periodista, redactor jefe de Economía de Libertad Digital y Libre Mercado, miembro del Instituto Juan de Mariana.
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