Como hacer un fondo de emergencia para invertir y superar imprevistos
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Un fondo de emergencia es una parte fundamental del patrimonio de una persona, e incluso una empresa.

La vida es un cambio constante y, a veces, trae imprevistos desagradables. Esto es inevitable.

Productos tales como los seguros nos ayudan protegernos contra ciertas incidencias de esta naturaleza. Pero, no es viable económicamente cubrir todas nuestras contingencias mediante esta vía.

Tampoco es buena opción recurrir a la deuda cada vez que tengamos que solventar un problema que implique un desembolso de dinero. Al final podemos perder el control y terminar sobre endeudados.

La mejor solución es hacer un fondo de emergencia, o fondo de reserva.

Un fondo de emergencia no es más que un dinero ahorrado con vistas de hacer frente imprevistos que puedan surgir. Ahora quizá se pregunte:

¿Si un fondo de emergencia no es más que un ahorro, porqué merece un artículo?

Está claro que el concepto es bien sencillo, pero sólo en teoría. A la hora de ponerlo en práctica, las dudas sobre la ejecución se manifiestan. Dudas que, por otra parte, nos paralizan y demoran nuestros planes financieros.

¿Cómo hacer un fondo de emergencia?

¿Cuál es su verdadera misión e importancia?

¿Qué cantidad es la adecuada?

¿Cómo gestionarlo adecuadamente?

Si sigues leyendo, te enseñaremos a constituir y manejar como un profesional este segmento básico de tu patrimonio.

El convertirte en diseñador de tu futuro financiero implica un manejo impecable de este pilar financiero.

Simplemente por eso, el fondo de emergencia merece un buen artículo.

¿Qué es y para qué sirve el fondo de emergencia?

El fondo de emergencia es uno de los primeros objetivos (si no el primero) que debe cumplir toda persona que desee mantenerse en buena forma financiera, vaya esto en primer lugar.

Imaginemos algo así como que, de repente, nuestro vehículo se ha averiado. Vamos al taller y resulta que el problema tiene una solución costosa (hay que sustituir varias piezas). No tenemos suficiente dinero para hacer frente a la reparación y no podemos renunciar al coche.

No nos queda otro remedio que solicitar un préstamo bancario, abonar las correspondientes comisiones e intereses y tener presente que en los próximos dos años no tendremos más remedio que destinar una parte de nuestra renta al abono las cuotas de amortización (limitando nuestra capacidad económica e impidiéndonos ahorrar durante ese tiempo).

En resumen, con un imprevisto de este calibre, debemos pagar una cantidad superior al propio problema en sí mismo (en comisiones, intereses, gastos, molestias, etc.) y nos imposibilita el ahorro durante dos años.

Todo por no disponer de esa cantidad en ese momento.

Hemos puesto este ejemplo adrede para no afear el artículo con tristes desgracias. Pero, simplemente pensemos en el desempleo, enfermedades, catástrofes y demás males que existen en el mundo.

Nadie está libre.

Créannos que no nos es grato hablar de todo esto. Pero lo importante es estar preparados para superar imprevistos sin que suponga una amenaza para nuestra estabilidad financiera. Es lo que vamos a descubrir a continuación.

Antes de pensar en invertir, debemos pensar en ahorrar. Pero un suceso inesperado puede dar al traste con nuestros planes de ahorro. Para evitar este escenario, debemos realizar una maniobra financiera, y cuanto antes.

La maniobra no es otra que crear un fondo de emergencia:

Un fondo de emergencia es una operación de constitución de capital, cuyo objetivo es estar preparados contra sucesos repentinos que nos pongan en una situación de riesgo económico. Debe ser una de las primeras acciones a realizar y debe estar totalmente segregado de cualquier otro tipo de ahorro. Esto último es importante para darle una correcta gestión.

Así podríamos definirlo y esta sería la misión de cada euro destinado al fondo de emergencia.

Además, es una buena forma de comenzar a invertir y tomar práctica gestionando nuestro dinero.

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¿Cómo hacer un fondo de emergencia?

Tanto si eres un particular, como un autónomo o si estás encargado de las cuentas de una empresa, el primer paso para comenzar a diseñar una operación financiera de constitución de capital es un análisis de la situación inicial.

No hay que olvidar la misión en ningún momento (por ello, la repetiremos varias veces). El dinero sólo puede utilizarse para su verdadero objetivo y nos será más fácil constituir el fondo sabiendo su finalidad.

Hay que pensar lo siguiente: “Este dinero es un seguro contra imprevistos que estoy creando y voy a gestionar”.

Para el análisis inicial nos serviremos de una herramienta básica: Un presupuesto.

Con él en la mano nos será sencillo determinar:

  • Qué cantidad de dinero ingresamos.
  • Cómo lo ingresamos.
  • Si existe algún modo de que podamos ingresar más.
  • Cuánto gastamos.
  • En qué gastamos.
  • Si podemos reducir alguna partida de gasto.
  • Qué porcentaje, o peso, específico sobre el total representa cada gasto y cada ingreso.

En realidad, todas las finanzas se resumen a una simple cuenta de ingresos y gastos, por muy complejas que sean. Un presupuesto puede sernos una fuente de información acerca de cómo estamos manejando nuestro dinero y cómo podemos mejorar en estos aspectos.

Existen análisis más completos, aquellos que tienen en cuenta nuestra situación fiscal, familiar, nuestra capacidad para generar ingresos, nuestra edad, nuestros conocimientos financieros, etc.

No estaría mal contrastar la información del presupuesto con nuestra situación personal y económica para tener una visión más completa. Aquí es dónde un asesor financiero puede sernos útil. Actualmente existen asesores informatizados (robo advisors) que realizan un estudio completo a un precio asequible.

El objetivo del análisis de situación inicial es el siguiente:

  • Por supuesto, debemos asegurarnos que los ingresos superen a los gastos. Si no fuese así, tendríamos un problema financiero y nos obligaría actuar con celeridad, aumentando ingresos y recortando gastos.
  • En todo caso, debemos pensar qué partidas de gasto pueden ser reducidas y si existe posibilidad de aumentar ingresos, y de qué manera.
  • Hay observar con detenimiento las partidas de gastos e ingresos con más peso, con vistas a dilucidar si podemos blindarlas o mejorarlas. Preguntarnos qué pasaría si no apareciesen en el presupuesto, o si son susceptibles de empeorar.
  • También, intentar cuadrar los gastos más importantes con los ingresos más seguros. Observar si es posible cubrir los gastos necesarios en caso de fallar, o reducirse, una de las principales vías de ingresos.

El excedente de ingresos sobre gastos se denomina prima de ahorro. Hay que determinar cuál es nuestra prima de ahorro y cómo podemos mejorarla.

La prima de ahorro es la materia prima para la constitución de nuestro fondo de emergencia, hay que mimarla. Esto sólo se consigue con un buen análisis inicial y un constante seguimiento.

A priori, si no tenemos nada de nada en nuestro fondo de emergencia, debemos destinar toda o casi toda la prima de ahorro para su constitución. Después, podremos bajar el ritmo y utilizar una parte de la prima de ahorro para otros objetivos financieros (otro tipo de ahorro).

En principio, por lo menos deberíamos destinar el 90% de la prima de ahorro a nuestro fondo de reserva.

Para no fallar, dejaremos en nuestra cuenta bancaria operativa (aquella en la que recibimos los ingresos y administramos los gastos) una orden de transferencia periódica hacia dónde vaya a estar alojado nuestro dinero de reserva.

Con un poco de paciencia y buena gestión, veremos como nuestra maniobra financiera de constitución de capital va dando resultados.

Esto nos evitará males en caso de imprevistos.

Pero ¿qué cantidad es necesaria para crear un fondo de emergencia?

No existe una cantidad universal que sea idónea.

Esto depende mucho de las características, situación personal, financiera, familiar y laboral de cada persona. Del propio análisis inicial que hemos realizado podremos obtener muchas y muy buenas conclusiones con respecto a esta pregunta.

Es posible que seamos unos profesionales asentados en nuestro sector, y en caso de perder el empleo no nos lleve mucho tiempo encontrar otra vía de ingresos.

También es posible que tengamos un empleo temporal, y cuando acabe el contrato nos lleve un tiempo encontrar otro. Podemos tener familia, o no. Podemos tener una cierta estabilidad y bienes que podamos vender en caso necesario, o no.

La cantidad depende mucho de nuestra situación, debemos tener presentes todas estas cuestiones y preguntarnos:

¿Qué pasaría si de pronto no tengo ingresos?

¿Qué gastos pueden sobrevenirme (por ejemplo, la sustitución del vehículo o ayudar a una persona querida en una situación difícil)?

Para ir comenzando, podríamos establecer una norma general básica. Esta regla nos indica que un buen fondo de emergencia debe cubrir los gastos más básicos durante un período de entre 3 y 6 meses (dependiendo de la mencionada situación personal).

Nosotros preferimos una perspectiva más conservadora, y en lugar de limitarlo los gastos básicos, recomendaríamos que el fondo de emergencia sea por la totalidad de los ingresos que marca un presupuesto mensual multiplicados por 6.

En función de lo dicho anteriormente en cuanto a las características, experiencia y situación personal, estas cifras pueden ser matizadas. Pero por lo pronto pueden servirnos como una buena base.

Por ejemplo, podemos destinar el 90% de la prima de ahorro hasta conseguir crear un fondo que ascienda a unos 3 meses de ingresos. Después, reducir la cantidad (pongamos a un 70% de la prima de ahorro), para completarlo con los otros 3 meses de ingresos.

Al final, podríamos incluso incrementarlo en un 20%, destinando tan sólo la tercera parte de la prima de ahorro.

En fin, se pueden realizar múltiples estrategias, nosotros recomendamos establecer un criterio lo más conservador posible debido a la importancia de este tipo de ahorro.

Nota Importante

Como hemos podido comprobar, existe flexibilidad a la hora de definir el modo de establecer nuestra operación de ahorro. Es fundamental escoger una estrategia con la cual nos sintamos cómodos.

Al analizar nuestra situación inicial definimos nuestra capacidad para ahorrar y estamos en disposición de trazar un plan realista y viable.

El tener presente la misión y una estrategia acorde a nuestras capacidades evita que caigamos en el descontento y abandonemos una tarea tan importante para nuestras finanzas.

¿Cómo gestionar nuestro fondo de emergencia?

En el momento que sabemos cómo debemos hacer un fondo de emergencia toca preguntarse qué hacemos con ese dinero.

Lógicamente, ahorrarlo significa depositarlo en algún lugar.

Unos párrafos más arriba hemos comentado que lo conveniente a la hora de crear nuestro fondo de emergencia era programar una orden de transferencia periódica desde nuestra cuenta operativa.

Ahora veremos el destino de dicha transferencia.

Son tres los aspectos que debemos tener presentes a la hora de gestionar dinero:

  • Rentabilidad
  • Riesgo
  • Liquidez

Debemos advertir que es imposible que los tres factores a la vez sean favorables. Gestionar significa manejar el equilibrio entre ellos en función de los objetivos del capital.

Para un dinero de reserva, debido a su propia naturaleza, se debe buscar máxima liquidez y bajo riesgo sacrificando la rentabilidad.

Es lo que se llama una estrategia conservadora o defensiva. Explicamos todo esto con mayor detalle.

La rentabilidad

Lo más sencillo sería mantener el ahorro en una caja fuerte, una cuenta bancaria o algún producto de depósito. Sin embargo, el primer enemigo que tenemos para con nuestros ahorros está siempre presente, es silencioso y acecha constantemente. Nos referimos a la inflación.

La inflación provoca que, año tras año, nuestro fondo de emergencia vaya perdiendo valor. Si, por ejemplo, no necesitamos nuestro fondo de emergencia pasados diez años, nos encontraremos con una sorpresa desagradable:

Nuestros 6 meses de ingresos (que supone el montante del fondo de reserva) de hace diez años ahora pueden haber perdido del orden del 12,5% (inflación acumulada desde enero de 2008 a enero de 2018).

Traducimos: 6.000 euros en 2008 equivalen a 6.750 euros en 2018. Hay que advertir que durante este período de 10 años la inflación se ha registrado en tasas históricamente bajas (debido a los tiempos de crisis y años subsiguientes).

Administrar bien nuestro fondo de emergencia es luchar contra la inflación, en caso contrario nuestros ahorros pierden valor.

Es necesario buscar un destino para el dinero que nos proporcione una rentabilidad básica, aquella que nos permita mantener el poder adquisitivo de nuestros ahorros.

No es necesario rentabilizar al máximo este dinero, simplemente con conseguir batir la inflación y gastos fiscales será suficiente.

Este es nuestro objetivo de rentabilidad.

El riesgo

El dinero de emergencia tiene un cometido importante, no podemos ponerlo en riesgo por razones obvias. Esto no significa que no debamos invertirlo. Si lo mantenemos en una cuenta bancaria o simplemente guardado en casa, nos enfrentamos igualmente al riesgo de inflación.

La cuestión en este punto es instrumentar el dinero en una inversión que nos genere el objetivo de rentabilidad deseado, con un riesgo mínimo. Para nuestra estrategia no existe inconveniente, las expectativas de rentabilidad no exigen que asumamos un riesgo desconsiderado para con un capital de esta naturaleza.

Cuanta mayor rentabilidad esperemos, mayor riesgo deberemos asumir.

Pero este no es nuestro caso, sacrificamos la rentabilidad en pro de una mayor seguridad. El activo que cobra una especial relevancia para este tipo de ahorro es la renta fija.

La liquidez

Una vez más, conviene que recordemos la misión del fondo de emergencia: “Tener un dinero para hacer frente a imprevistos”.

Un imprevisto, por propia definición, implica que no sabremos en qué momento podremos necesitar ese dinero. De aquí nace la siguiente condición que le debemos exigir al fondo de reserva: Liquidez.

Liquidez no es otra cosa tener disponible el dinero en todo momento.

¿Alguien se imagina tener el dinero de emergencias invertido en un inmueble?

Sería contraproducente, puesto que, ante cualquier imprevisto, necesitaríamos “hacer líquido” el inmueble mediante su venta, lo cual nos ocasionará gastos y será una operación lenta.

Por lo tanto, deducimos que la inversión en inmuebles tiene poca liquidez y no nos serviría como instrumento de gestión de un fondo de reserva. Por este motivo, los depósitos bancarios quedarían descartados. Son productos ilíquidos.

Las acciones de empresas, por ejemplo, son activos altamente líquidos; sin embargo, debido a sus fluctuaciones en el mercado, presentan un riesgo inadecuado para un fondo de emergencia. Por otra parte, los activos de renta fija también gozan de la liquidez requerida.

La liquidez se contrapone con el riesgo y la rentabilidad.

Un activo con poco riesgo normalmente es ilíquido y ofrece una baja rentabilidad. Queremos decir con esto que la liquidez no es gratuita, para conseguirla debemos renunciar a la rentabilidad o asumir un mayor riesgo.

Hay que jugar con los tres factores para realizar una buena maniobra.

Los fondos de inversión de renta fija

Como conclusión a lo expuesto en cuanto al modo de gestión de nuestro fondo de emergencia, determinamos que se trata de una estrategia conservadora, de corte defensivo contra la inflación.

El objetivo primordial es la preservación del capital.

Necesitamos activos de bajo riesgo y altamente líquidos; una rentabilidad del 3% será suficiente para cubrir la inflación y costes fiscales en el momento actual (esta rentabilidad objetivo debe ir ajustándose en función de cómo evolucione el IPC anual, por lo pronto, ofrecemos esta cifra según la situación actual en el momento de escribir este artículo).

Recordemos que el fondo de emergencia debe estar separado de cualquier otro tipo de ahorro. Es decir, esta porción de nuestro patrimonio dispone de una estrategia específica. Para rentabilizar nuestros ahorros constituiremos otro fondo diferente. Nunca olvidemos su misión.

Para constituir y mantener este capital, la renta fija es nuestro activo estrella:

  • Tiene liquidez
  • Tene un riesgo ajustado
  • Y, si se escoge bien, nos procurará una rentabilidad adecuada a nuestro objetivo.

No obstante, acceder a estas inversiones exige tener cierto capital (un Bono del Estado se emite por un valor nominal de 1.000 euros), lo cual, impide una adecuada diversificación.

También debemos saber qué activos incluir en nuestra cartera, no toda la renta fija es igual.

Los fondos de inversión de renta fija solventan estos problemas, nos proporcionan la suficiente diversificación, la necesaria liquidez y la cartera está gestionada por un profesional.

Son fáciles de contratar, están al alcance de cualquier persona y admiten pequeñas aportaciones periódicas (como norma general).

Resumiendo: Tienen todas las características para ser el destino de nuestro fondo de emergencia.

La creación de una cesta de fondos de renta fija, en combinación con algún fondo monetario (fondos de inversión en activos de renta fija a muy corto plazo; tan corto que son considerados dinero líquido), es el mejor modo para hacer un fondo de emergencia, comenzar a invertir y superar imprevistos.

El fondo de emergencia no debería estar invertido en productos ilíquidos, ni en productos volátiles.

Las inversiones en renta fija son las adecuadas para estrategias conservadoras, y a través de fondos de inversión son mucho más accesibles para un inversor particular.

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Economista y PDD por el IESE. En 1995 constituí una empresa pionera en España para la implantación de Internet en empresas, y siempre he trabajado desde este campo para ofrecer soluciones innovadoras a través de la red. Me interesa cómo la gente usa Internet para relacionarse y el cambio que ha supuesto en el mundo, así como el SEO, el Lean Start up y cómo se pueden lograr servicios masivos e innovadores con costes contenidos en situaciones de grandes economías de escala. Estoy acostumbrado a constituir y liderar en equipos de alto rendimiento en entornos competitivos, internacionales, multidisciplinares, competitivos, innovadores y complejos, donde la rentabilidad, durabilidad, rapidez de respuesta y adaptación al cambio constituyen factores claves en la consecución de resultados para el resto de accionistas.
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